Celso Alonso Rodriguez

Nació en Rioseras, provincia de Burgos, el 28 de julio de 1896. Hermano suyo fue el P. Angel Alonso, misionero redentorista por tierras americanas y fallecido en 1969. El H. Celso antes de entrar en el convento desempeñó el humilde oficio de pastor. Su tendencia a la piedad hizo que muy joven aún fuera admitido como postulante para Hermano Coadjutor en 1913. El 25 de diciembre de 1920 hizo su profesión religiosa como redentorista.

Cuantos le conocieron conservan un grato recuerdo de su figura física y moral. Alto, musculoso, activo, en movimiento continuo, sencillo, franco y jovial; incapaz de mentir y ni siquiera de disimular. Se le encontraba siempre dispuesto para cualquier servicio que se le pidiera. Merece desta­carse su caridad y solicitud en el cuidado de los enfermos sin preocuparse de cansancio, ni de sacrificios, ni de repugnancias. Fue el servicio por el que más se hizo querer.

Cuando estalló la revolución no hacía más que unos meses que estaba en Valencia. De ordinario vivía fuera de la comunidad, atendiendo al anciano P. Antonio Mariscal, ya viaticado y asilado en las Hermanitas de los Pobres. El 24 de agosto moría el P. Mariscal, y el H. Celso no pensó en cambiar de refugio. Las Hermanitas hicieron que figurara como enfermero del Asilo. Junto con el Hermano había dos jesuitas, realizando las mismas funciones.    

Todo marchó bien, hasta que en el mes de septiembre el Asilo quedó bajo el Control rojo. El 28 de septiembre fueron detenidos los tres religio­sos y llevados en un coche. Desde ese día se perdió toda huella de ellos.

Al terminar la guerra se pudo identificar su cadáver con la ayuda de la M. Irene Ruiz, superiora del Asilo. En su ficha figuran estos datos: “Hermano Celso Alonso. Edad, desconocida; fecha de su muerte, 1 de octubre de 1936; lugar del asesinato, Monteolivete; personas que participaron en el crimen, se desconocen; enfermedad, heridas por arma de fuego”.       

“La M. Irene Ruiz, superiora del Asilo, quiso perpetuar la memoria de todos los mártires del Asilo, y con este fin mandó colocar en la peana de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús, que se levanta en el patio central del Asilo, los nombres de todos. La lista la encabeza el que había sido capellán del Asilo. Entre los mártires figura también el nombre del sencillo y caritativo Hermano coadjutor redentorista, que se hizo allí, como en tantas partes, todo para todos, según el espíritu del Maestro”.

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